¿De verdad queremos hablar sobre SeriesYonkis?

Ya sé que dije que este no era un tema especialmente relevante, pero llevo todo el domingo repasando y finiquitando un artículo más serio (sobre vivienda y movilidad laboral), y necesito respirar fuera de tanto dato y tanto paper un segundo. Qué mejor que el candente mundo de la propiedad intelectual.

Sí, de la propiedad intelectual. Porque cuál ha sido mi sorpresa cuando he visto durante las últimas 24 horas que Ignacio Escolar ha dedicado sus esfuerzos a una labor de investigación centrada en las páginas de descargas, y especialmente en SeriesYonkis, cuyos resultados ofrece en Twitter y en su blog. Nada que decir respecto a la misma: parece resuelta de una manera relativamente elegante y sobre todo documentada. Lo que me planteo es si es necesaria, o relevante.

Como bien apunta Antonio Ortiz mientras escribo estas líneas, el debate se está centrando sobre las “páginas de descargas”. Escolar ha contribuido (no digo que intencionadamente, por supuesto, ni tampoco de manera definitiva) a este framing con su trabajo de las últimas horas. Ahí estaba el punto de atención antes, y ahí lo sigue estando. Sin embargo, es un asunto bastante irrelevante. Me explico. La Ley Sinde, y en general la legislación en torno a todo este asunto, puede ser considerada desde dos perspectivas: forma y fondo. Respecto a la forma, muchos (capitaneados por Enrique Dans) albergan dudas sobre las implicaciones que puede tener el formato actual de la Ley no aprobada para la neutralidad de la red. No me parece éste un tema menor, pero sí esencialmente resuelto y explicado tanto por el PSOE como por analistas independientes (ejemplo aquí). Aún así, me parecería más o menos razonable que el debate siguiese en esos términos, como sucedía al principio.

La otra perspectiva es la del fondo: la propiedad intelectual, su formato actual y su incompatibilidad relativa con los nuevos medios. Teóricamente, es la que toca la discusión sobre las páginas de descargas. Pero en realidad no es así. No sé qué porcentaje del tráfico de cultura gratuita (vamos a llamarlo así) corre por estas páginas, pero lo que sí se es que son un bien de sustitución muy, muy fácil. Por otras páginas, por un buscador bien refinado, por un (¿se acuerdan del eMule?) sistema P2P. Me da exactamente lo mismo si ganan o no dinero con ello: no veo cómo esto influye en lo más mínimo a la cuestión de que hay un nuevo medio, que es Internet, en el que la información corre de una manera determinada, y esto tiene efectos perversos en el mercado y la industria cultural, además de otros potencialmente positivos, apuntados aquí. Sólo puede servir a modo de correctivo a los que relacionan “cultura libre” con “compartir enlaces”. Poco más.

Claro, esto enlaza con la cuestión formal: ¿cómo queremos legislar sobre y en Internet? ¿Qué pretendemos que sea ese flujo de información ahora relativamente libre o incontrolado? ¿Qué relación tiene esto con el modelo de mercado regulado que se había establecido para los bienes inmateriales? Ese es un debate en el que estaría dispuesto a entrar, pensando incluso que tiene una considerable relevancia a medio plazo, en términos tanto económicos como políticos. Saber que tres chavales ganan 300€ o 30.000€ poniendo enlaces a un servidor de descargas externo (cosa que, espero, no sea una sorpresa para nadie, porque ya se ha hablado muchas otras veces), francamente, aporta muy poco a esta discusión si queremos que sea seria, y mire hacia el futuro.

Artículo escrito por Jorge Galindo.

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