Después de leer, escuchar y hablar con especialistas de todo tipo sobre el tema de la vivienda, la construcción y el sector inmobiliario en España, al final he llegado a una conclusión, bastante de cajón: en el fondo, en las líneas básicas, la mayoría estamos de acuerdo. En muy resumidas cuentas, la cosa sería:
· Alquiler frente a propiedad. Hace falta mejorar y dinamizar el mercado, liberalizándolo, pero también haciendo del sector público un agente activo, reenfocando la política de vivienda hacia este modelo. Aquellas de entre las actuales promotoras que tengan un mayor margen de maniobra también podrían reconvertirse, o reenfocarse en parte, hacia la gestión de parte de su stock (aquel que cumpla las exigencias de la nueva demanda) en términos de alquiler o, como muchas ya hacen, alquiler con “opción a compra” en el peor de los casos.
· Rehabilitación frente a vivienda nueva. Es una tendencia en periodos de crisis. Y también, como un arquitecto con la cabeza muy bien puesta dejaba caer en el último XXXV Congreso de Ciencia Regional, una tendencia entre las clases más acomodadas de este país. Es necesario abordar la rehabilitación como una salida (por cierto, intensiva en trabajo y menos atada al endeudamiento extremo) a cierto nivel de demanda latente o no efectiva en las clases medias-bajas. Claro que tenemos un parque de viviendas bastante deficiente, en términos de calidad de la construcción, sobre todo de los últimos 40-50 años. Es algo con lo que hemos de lidiar, un castigo de nuestro díscolo pasado.
· En ese sentido, es necesario mejorar la calidad de las construcciones, a la vez que se incluye todo el pack de sostenibilidad que se le presupone a cualquier edificio nuevo en un mundo civilizado. ¿Que cómo será posible compatibilizar esto con un descenso de los precios de la vivienda? Sencillo: estos precios no han subido por un incremento de los costes en la construcción (tengo datos, para quien esté especialmente interesado), sino a causa de cuestiones especulativas y de dinámicas del proceso de venta, no de “fabricación”.
· Dejar de lado la segunda residencia como una vía para el desarrollo económico. Se ha demostrado inusitadamente frágil en periodos de crisis, y un lastre no sólo para las familias, sino para toda la economía.
· Permitir que siga adelante la “depuración” y el ajuste de precios que el mercado necesita. Potenciar alquiler y rehabilitación frente a compraventa ayudarán, al menos sobre el papel, a que así sea.
Luego está la cuestión financiera, más compleja, y en la que no voy a entrar de momento. Y obviamente hay puntos de fricción: la cuestión de los impuestos sobre la vivienda, o la eterna discusión entre baja, media y alta densidad. Pero estamos comenzando a establecer, creo, una base sobre la que avanzar. Al menos sobre el papel.
Otra cosa son los derroteros que tomará el “mundo real”, y si, esta vez, se escuchará o no a aquellos especialistas que alzan la voz. Veremos.

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