Escritos de Jorge Galindo » Blog Archive » Reforma laboral, reforma educativa: ambas, o quizá ninguna.
El proceso social Escritos de Jorge Galindo

Hoy he mantenido una conversación con Antonio Bermudez vía Twitter sobre la necesidad de una reforma del mercado laboral, y su priorización respecto a una en el sistema educativo y de formación. Al final, los límites del formato 140 caracteres iban a llevarme a decir alguna perogrullada del estilo “la educación es fundamental”. Así que mejor lo expongo aquí.

En resumen, la postura de Antonio Bermúdez es que la reforma del mercado laboral es “la clave del cambio de modelo. Sin ella el cambio educativo no sirve para nada y el cambio social va a ser imposible con una masa laboral sin incentivos para formarse y otra sin posibilidades”. Afirma que “ambas son necesarias pero pienso que la reforma laboral sirve de catalizador y no al revés. Por eso me parece prioritaria”; que  se necesitan “incentivos para esa formación. Un marco que favorezca a las empresas que inviertan en personal cualificado”. Y me remite a esta (buena) entrada de Senserrich, concretamente a su séptimo párrafo:

Pero el hecho que España se obsesionara de forma tan obsesiva en construir casas no es culpa de estos factores, sino de la estructura de oportunidades de la economía española. El mercado laboral español es muy malo aumentando la productividad de sus trabajadores. Crear empresas es caro, difícil y poco eficiente, mientras que construir casas es relativamente fácil (los ayuntamientos se mueren de ganas de hacerse ricos dando licencias de obra) y no necesita nada extraordinario en cuanto a formación técnica de los trabajadores. En España era mucho más fácil y rentable hacer casas, ya que hacer otra cosa deja al empresario enfrentándose a un mercado laboral muy torpe para planificar nada a largo plazo.

No voy a entrar a discutir la cuestión estricta del mercado de trabajo, hoy no, tal vez otro día. De momento, aceptaré la premisa por buena (aunque conste que considero que tiene fallos) para avanzar en mi argumentación. Porque, en el fondo, estamos de acuerdo en que hace falta un cambio en el mercado laboral. Y pediré a cambio que se acepte mi premisa de que hace falta un cambio en el sistema educativo, sin entrar a especificar cuál y por qué. Bien, podemos reformar el mercado laboral. Podemos hacer que éste genere unos grandes incentivos a las empresas para contratar personal joven, cualificado (es decir: adecuado para su puesto) proporcionándoles una relativa seguridad que les permita desarrollar su labor en la empresa de manera estable. Sin que esto redunde, necesariamente, en un empeoramiento crítico de los empleados de más edad. Es difícil, pero se podría hacer. De acuerdo: si conseguimos esto, habremos levantado una de las barreras para que nuestra economía se desarrolle en sectores de más valor añadido, y que, en todos ellos (los nuevos y los que ya estén), la productividad pueda aumentar.

Imaginemos que hemos desarrollado la reforma laboral perfecta, los jóvenes tienen todos los incentivos del mundo para formarse y ser los mejores en sus respectivos campos, y los adultos ya establecidos los tienen para reciclarse y hacer que la experiencia no sea su único activo. Ahora, ¿cómo se forman nuestros ciudadanos? ¿Acaso podemos garantizar, con nuestros actuales recursos en educación y formación, que podemos aportar ese valor añadido, esas capacidades?

Los incentivos para formarse o para desarrollar actividades a largo plazo no son nada de por sí. Yo puedo tener todas las ganas del mundo de ser el mejor biólogo molecular de Europa, de trabajar en equipo en una spinoff que estoy desarrollando con un par de ex-profesores de mi Facultad muy motivados, pero si no dispongo de los medios adecuados, si mi formación no sólo ha sido deficiente sino que está atrasada con respecto a la de aquellos con los que pretendo competir, ¿adónde voy, por muchos incentivos y mucho trabajo fijo que tenga?

No, tampoco se trata especialmente de que los españoles estemos menos formados que aquellos países con los que nos comparamos, y pretendemos competir, o cooperar, normalmente ambas cosas. Se trata de que estamos peor formados. Es una cuestión mucho más profunda que el mero nivel de cualificación, que merece un artículo aparte.

De acuerdo, se me podrá responder (Antonio Bermúdez es lo que hacía en nuestra conversación, de hecho): ¿de qué te sirve el mejor sistema educativo del mundo, en todo ámbito (secundaria, FP, universidad, formación continua…) si los ciudadanos observan que el hecho de invertir en su educación no redunda en un beneficio futuro que supere los costes de la inversión? De poco, claro. Desarrollar la discusión en términos de qué debe ser primero, la gallina o el huevo, es un error, porque lo uno sin lo otro no va muy lejos. Pero hay que tener en cuenta una cosa: los individuos no son entes racionales que se mueven en vacío escogiendo aquello que les genere más incentivos, postura que los economistas tienden (afortunadamente, con los nuevos avances en esta disciplina, cada vez menos) a tomar. Existen condicionantes sociales. No me malinterprete nadie: estos condicionantes no son puramente estructurales, sino cambiantes: son procesos en marcha. Que, obviamente, están desarrollados por los propios individuos, sus relaciones y las decisiones (unas veces “racionales”, otras no) que toman. Es decir: si se pone en marcha uno de los dos procesos, puede pasar que el otro no le vaya siguiendo por sí solo.

Traduciendo: si reformamos adecuadamente el mercado laboral y conseguimos que hayan incentivos a la excelencia, ¿no será probable que los ciudadanos opten por aquellas entidades capaces de ofrecerla a la hora de formarse, haciendo, por lógica de competencia, que las entidades que no pueden se pongan al día?

Y al revés: si conseguimos construir un sistema formativo eficaz que forma a nuestros ciudadanos para la excelencia, ¿no será igualmente probable que sus acciones vayan encaminadas hacia un cambio en el sistema productivo, por su propia acción en la creación de empresas, o porque los empresarios, que imbéciles no son (somos), se den (nos demos) cuenta de que, al fin y al cabo, resulta rentable tener bien cuidado a estos nuevos genios, sean jóvenes con master o profesionales reciclados?

¿A que suena difícil, cualquiera de las dos posibilidades por separado? Así que, ¿por qué no asumir que es mejor ponerse con ambas a la vez?

  • Antonio Bermúdez
    @J.E. Si un giro de 180 grados es un giro radical, el de 360 será el doble de radical ¿no? jajaja.
    Lo que dices es cierto, buen apunte.
  • J.E
    @antonio Bermúdez: Tu apunte me parece muy interesante, pero permite el apunto estúpido del día: Si giras 360 grados terminas en el mismo sitio y en la misma dirección...
  • Antonio Bermúdez
    Después de leer todos los comentarios la verdad que tengo poco que aportar, mi opinión ya ha sido explicada por Jorge y sólo me queda profundizar en algunas ideas ya mencionadas.

    No creo que el nivel medio universitario español sea más bajo que en el resto de países de nuestro entorno, la prueba está en que muchos de nuestros doctores tienen éxito fuera de España (http://www.soitu.es/soitu/2009/10/19/actualidad...) y nuestras escuelas de negocio son de reconocido prestigio en toda Europa (http://rankings.ft.com/businessschoolrankings/e...). Otros temas son la educación básica, que ha sido utilizada como caballo de batalla política durante años por unos y otros creando un auténtico monstruo sin pies ni cabeza, y la formación profesional, cuyo nivel desconozco.

    Pienso que los problemas del sistema universitario español son básicamente dos:

    1. Los estudiantes tienen pocos incentivos para buscar y demandar una educación de calidad dado el actual estado del tejido empresarial español.
    2. Para aquellos que a pesar de la falta de incentivos persiguen esa excelencia las posibilidades una vez salgan del sistema educativo son muy pocas lo que en la mayoría de las ocasiones les obliga a salir al extranjero a buscar mejores oportunidades.

    Como podéis imaginar la solución a estos problemas es crear un marco legislativo en el que las empresas tengan la posibilidad de invertir en capital humano y en el que la contratación de personal cualificado sea una ventaja competitiva y no una carga. De esa manera los estudiantes medios tendrán incentivos a demandar esa excelencia y los excelentes tendrán la posibilidad de continuar su carrera en nuestro país una vez salgan del sistema educativo.

    Por otro lado, la reforma del sistema educativo superior irá ligada al Plan Bolonia que pretende equiparar el sistema universitario en toda Europa.

    No entró a valorar el tipo de reforma que es necesaria porque es un tema mucho más complejo, lo que tengo claro es que el mercado laboral español necesita un giro de 360 grados.
  • @ J.E., el nivel medio es normalito, sí, pero con el tejido empresarial que tenemos, sigo viendo sobrecualificación. Aunque sólo en cierto modo, porque luego tenemos lagunas formativas (por ejemplo, en idiomas).
  • J.E
    En modo "Odio las mañanas, especialmente si anoche salí".

    @Kiko Llaneras: Soy muy escéptico sobre esa sobre-formación. Sí, la gente tiene títulos, pero el nivel medio universitario es bastante bajo. Pero creo que esta apreciación se corresponde más a mis prejuicios que a otra cosa.

    Por lo demás, es una apreciación correcta.

    @Jorge Galindo: Cuando dije de mayores no hablaba de edad, sino de nivel profesional e intelectual. Yo solo soy un tipo que lee cosas e intenta pensar sobre ellas; No puedo decir que trabaje académica o profesionalmente en estos asuntos, aunque me interesen. Aun lo estoy flipando que me hayas metido en el thin-tank que has montado en Twitter XDDDDDDDDD

    Estoy intentando pensar en un conflicto que se pueda generar por la descoordinación entre la reforma laboral y la reforma educativa. Me cuesta, la verdad, no se me ocurre ninguno. Quizás sea cuestión de tomarme otro café, pero seguramente es que no lo hay, excepto el que has mencionado.
    Pero pensando en el asunto sí que me he dado cuenta que no estoy seguro que una economía de excelencia sólo con una reforma laboral. Constituye un fuerte incentivo que cambiará mucho, pero estamos hablando de un empresariado (y unos bancos) que se han acostumbrado al retorno de inversión rápido. Cuando vean las reformas, su primer intento va a ser montar el siguiente chiringuito que de mucho dinero rápido, no en algo que vaya a muchísimo dinero al largo plazo. Perro viejo no aprende nuevos trucos, me temo. Me da que eso solo se puede controlar con medidas anexas a la reforma laboral.
    Vamos, que posiblemente debe existir una tercera reforma, más transversal, destinada a impedir ese impulso.
    Osea, una LES, pero con cojones. Y montar un sistema de financiación definitivo para los Ayuntamientos, que a la mínima que puedan, de forma análoga al boom inmobiliario, son capaces de crear otro chiringuito con tal de sanear fondos.

    PD: Puede sonar extraño, pero ¿Existe algún estudio demográfico del empresariado? Puede ser relevante el hecho que el típico empresario español sea un tipo de cincuenta años que no sepa nada de economia de la excelencia y de las nuevas tendencias teconológicas. O que este no sea el cliché.

    PPD: No mencionaré que da un poco de miedo coincidir en algo con Rajoy.
  • En modo "reflexión superficial de viernes antes de cenar y después de 13 horas en el curro":

    1. Hagamos ya la reforma laboral, intentando que se demande la excelencia o la formación, porque en España yo diría que ya sobra la gente sobre-formada. Lo que se necesita es que el mercado empiece a buscarlos.

    2. En cuanto a la reforma educativa, al menos en la etapa universitaria o de FP, lo que se necesita es un cambio desde fuera, y me explico. El mercado tiene que demandar excelencia, y pagarla; solo entonces la sociedad la valorará. En ese momento, los estudiantes, la gente recibiendo educación, demandará una enseñanza de calidad (en lugar de otras cosas), requisito importante para que esta exista.

    ¡Buen fin de semana!
  • Jejeje. Aparte de que soy más joven que tú, tienes toda la razón. No sé si es la madre del cordero, pero sí es fundamental a la hora de hablar de implementar políticas. Así que tienes razón, y yo pensaba todo eso mientras escribía la entrada, y mientras leía la respuesta de Rajoy a la propuesta de LSE en el Congreso, que, lo creas o no, coincide contigo en ese punto: eso es lo que pasa cuando la realidad marca la agenda.

    Sacaré una entrada más general al respecto, pero resumiendo y en frío: una reforma educativa es, efectivamente, algo que tarda mucho más en producir resultados tangibles. Pero como digo que hay que hacer las dos cosas, y si es posible a la vez, tu punto no invalida mi argumentación. Habría que ver si el hecho de que una tenga efectos más rápido que la otra puede tener consecuencias que aceleren el proceso de la reforma educativa (citándome a mí mismo: "si reformamos adecuadamente el mercado laboral y conseguimos que hayan incentivos a la excelencia, ¿no será probable que los ciudadanos opten por aquellas entidades capaces de ofrecerla a la hora de formarse, haciendo, por lógica de competencia, que las entidades que no pueden se pongan al día?"), o se pueden generar conflictos. Así, a bote pronto, un viernes por la noche no se me ocurre ninguno significativo. Si la reforma laboral funciona bien y a la gente le entran ganas de estudiar y ser excelente y genial y no tiene dónde... Como mucho, se irán fuera para volver (si luego trabajar en España mola realmente, ya que la movilidad laboral permanente es algo que nos echa muy para atrás en este país, pero la temporal por estudios no).
  • J.E
    Habláis de prioridades, pero no de tiempos, que me parece que es la autentica madre del cordero.
    La reforma educativa tardará mucho más tiempo que la reforma laboral en dar frutos. Y ambas tienen que hacerse notar más o menos de la mano para maximizar su efecto. En un mundo ideal, la reforma educativa precedería a la laboral, o la laboral se iría implantando a plazos mientras la educativa da sus efectos.

    En un mundo ideal. En el mundo real estamos de crisis, y la gente quiere soluciones ahora (El problema en España es que lo queremos todo ahora: la casa, el coche, el retorno de la inversión...). Una reforma educativa no pasa por una solución ahora, una laboral si podría pasar. Así que políticamente lo que prima es una reforma laboral, aunque paradojicamente podría haber más puntos de acuerdo en materia educativa que en materia laboral (Es lo que pasa cuando la realidad marca la agenda).

    Pero vamos, que creo que me he metido en una conversación de mayores... :P
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