Parece que este agosto se me van a ir al traste mis largas vacaciones planeadas gracias al trabajo que nos está entrando. Eso significa que tengo que gastar la mayor parte del verano en Valencia, lo cual es, la verdad, bastante aburrido. Así que voy a ocupar parte de mi tiempo dejando caer en este espacio (que para eso es mío) reflexiones aleatorias sobre sociedad, política, economía, tecnología y demás. No sé cuántas habrán, no sé cuándo pararán. Sólo sé que serán varias, y serán ligeras, fresquitas, improvisadas y poco rigurosas. Si los periódicos y los telediarios lo hacen, ¿por qué no yo?
La primera, en la frente: ¿es el poder intrínseco a una persona, grupo, situación o contexto? ¿En qué medida depende del reconocimiento que de él hacen los otros?
En un burdo ejercicio de categorización, podríamos discernir entre “poder objetivo” y “poder subjetivo”. Es fácil ilustrar esta diferenciación con dos ejemplos:
Poder objetivo = tanque.
Poder subjetivo = autoridad moral.
Resulta evidente que la autoridad moral no lo es para todo el mundo y en todo momento. Yo no reconozco autoridad alguna en Rouco Varela porque soy agnóstico (a ratos, ateo) y ni siquiera estoy bautizado. Sin embargo, soy lo suficientemente empático y analítico como para ver su poder al constituir una autoridad moral para mucha otra gente. En un tanque, aparentemente no hay discusión: el conductor del vehículo puede aplastarte con él, y tú no tienes otra opción que la de reconocer este hecho y apartarte.
Pero, ¿es tan sencillo como eso? Incluso el conductor de un tanque, puede ser despojado de buena parte de su poder en tanto que los otros no reconozcan en el vehículo una capacidad de control. ¿Implica eso una actitud irracional, o un fallo perceptivo? Que se lo digan a esta persona:

Probablemente, en este caso el ciudadano reconoce su poder frente al tanque, en tanto que este no puede pisarle. Es un juego, determinado por el contexto. El ciudadano sabe que están en medio de una revolución en la que el mundo entero tiene los ojos puestos. Probablemente no haría lo mismo en mitad de una batalla.
El poder objetivo del tanque sigue ahí: ceteris paribus, puede aplastarle. Sin embargo, su cualidad subjetiva está por encima, y es con la que juega el ciudadano para ponerse delante del mismo. No lo hace necesariamente de una forma pausada y reflexionada, pero sí (siempre) contextualizada.
Concluyendo: el poder tiene una dimensión de reconocimiento externo, subjetiva, que muchas veces (obviamente, no siempre) condiciona la intrínseca u objetiva. Esto es bastante poco materialista para una tarde de julio.
Por cierto, seguro que algún científico social brillante ha tratado este tema en profundidad. Si es así y Usted lo conoce, tenga a bien dejar la referencia en los comentarios.

Warning: Invalid argument supplied for foreach() in /home1/nosholto/public_html/jorgegalindo/blog/wp-content/plugins/disqus-comment-system/comments.php on line 8