Que los usuarios de Facebook, Twitter, Tuenti, MySpace, Sonico y otras redes sociales están segmentados lo sabe todo el mundo. Que la segmentación principal es por edad y localización geográfica, también. Pero que también hay división por nivel educativo, clase social, e incluso etnia/raza quizá no es tan evidente. Pero también es cierto: hay estudios, kilos de. A veces se nos olvida, pero afortunadamente hay quien nos lo recuerda. En esta charla, Danah Boyd (de Microsoft, atención), además de otras muchas cosas interesantes que apoyan la tesis de la segmentación socioeconómica en el uso de redes sociales en base a datos cualitativos, dice:
So why am I telling you that Facebook and MySpace are divided by race, class, education and other factors? Because it matters. (…)
People are already divided, and we accept that people from different backgrounds inhabit different environments. We cannot expect technology to automatically integrate people and generate cultural harmony… But here’s the main issue with social divisions. We can accept when people choose to connect to people who are like them and not friend different others. But can we accept when institutions and services only support a portion of the network? When politicians only address half of their constituency? When educators and policy makers engage with people only through the tools of the privileged?
El otro día discutía con Edgar sobre esto mismo: por qué las instituciones, póngase la Generalitat de Catalunya con Facebook o el Gobierno con Twitter, sólo usan una o unas pocas de las vías posibles, y no todas. En ese momento, la respuesta apareció bien clara en mi mente: porque la institución ha de ir allá donde está el ciudadano, y no pretender que el ciudadano venga hasta ella. Crear una herramienta de comunicación social con la Administración pública e independiente me parece, ahora mismo, una utopía, habida cuenta del nivel de desafección con respecto a las policies (que no las politics) de los españoles. Aunque de esto último Edgar les podría decir cinco cosas. Lo que sucede es que al leer la charla de Boyd algo saltó en mi interior, algo como: curiosamente, los Gobiernos prestan más atención a las redes sociales cuyo perfil de usuario tiene un nivel participativo y reflexivo político más alto, así como un mayor nivel socioeconómico y educativo. Y los de mayor edad, por cierto. Que son, a su vez, quienes mayor y mejor acceso tienen a los (escasos y a veces complejos) recursos de participación política que existen en una democracia como la nuestra. Es decir: reproducen la desigualdad en términos de comunicación base social – régimen político. La red, el dospuntocerismo, la exaltación de la horizontalidad en las relaciones políticas, puede en realidad estar reproduciendo, al menos en parte, los esquemas conocidos. No se ampliarían tanto las bases participativas como se intensificaría la participación de aquellos que ya lo hacían. Si es que siquiera eso llega a suceder.
No tengo una solución para este problema. No, al menos, lo suficientemente clara como para escribirla aquí. Así que, de momento, me contentaré con señalar que creo que existe. Incluso para afirmarlo fehacientemente haría falta un estudio en profundidad. Que, francamente, me parece necesario para seguir llenándonos la boca de participación ciudadana vía internet.

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