En realidad, el discurso y la actitud de Zapatero no ha estado nada mal. Ha tenido ciertos problemas de desorden conceptual, y arrastra la imposibilidad de admitir el error cometido por el Gobierno en 2007 y 2008 al no actuar de forma temprana y decidida contra la crisis, pero en esencia ha dicho lo que de él se esperaba: este ah sido un año muy difícil, tenemos que trabajar todos por resolverlo, porque estamos en un momento crucial para el futuro de España. Necesitamos mejorar nuestra competitividad, nuestra eficiencia (pública y privada), y nuestras capacidades económicas (de gestión de recursos) en general. Y lo necesitamos no porque lo digan los mercados, sino porque sólo así España podrá asegurarse un futuro de corte socialdemócrata, con un Estado de Bienestar fuerte y una dinámica de empleo adecuada. Esta mejora se hará por dos vías: consolidación fiscal, y reformas enfocadas a cambiar el “modelo productivo”.
Lo que pasa es que un Presidente no puede hacer esta llamada a la unidad nacional y por un futuro mejor a cambio de esfuerzo común de una forma tan pusilánime, en la forma y en el fondo. Menos aún cuando, de antemano, todos los Grupos que forman la Cámara están, por distintas razones, predispuestos a la crítica voraz.
En la forma, porque, reconozcámoslo, Zapatero es buen orador, pero no maneja el lenguaje como Rajoy. No es capaz de ser tan llano, mantener un buen ritmo y utilizar las figuras retóricas y las frases echas con tanta habilidad. Y ahí, Rajoy se lo ha comido.
En el fondo, porque si un líder pide un sacrificio presente a cambio de andar hacia un futuro mejor, el primer paso lo tiene que dar él. Y no ha hecho sino repasar las medidas que ya están en marcha, sin prácticamente ninguna novedad. Así, de paso, ha hecho el discurso que Rajoy y el resto de líderes esperaban, y no han tenido que cambiar ni una coma de su estrategia en el debate.
Decíamos hace unas semanas: e pur si muove. Y, efectivamente, el repaso de medidas enunciadas por Zapatero muestran su paulatina asunción de la responsabilidad ante la gravedad de la situación, y su viaje hacia el centro-izquierda más moderado. Sin embargo, estamos de nuevo atascados. No habrá una ocasión como la de hoy para sacar adelante dos o tres perlas en bruto que hubieran mostrado el compromiso del Gobierno con el cambio.
¿Quieren ejemplos? Yo se los doy:
· Ley de Cajas. Bien explicada y con un enfoque de “caña al sector financiero” hubiera sido un símbolo importante de cara a la izquierda (la extrema y la moderada) que piden precisamente esto. El haberla anunciado intencionadamente en mitad del Mundial es signo del miedo que tiene el Gobierno a sus barones regionales (para quienes las Cajas es su juguete favorito), y probablemente una condición sien qua non impuesta por el PP para pactarla. Casi mejor no haberla pactado.
· Reforma fiscal. Más impuestos para los más ricos (sí, populismo de izquierdas, lo sé, pero este Gobierno lo necesita) combinado con menos impuestos para las PYMES (que también lo necesitan como agua de mayo). La senda fiscal sueca.
· Liberalización de mercados. Esta senda ya la han emprendido con la Ley de Servicios Profesionales y otras, pero atacar a otros productos y servicios de uso común explicando que iba a permitir aumentar la competitividad, crear empresas y bajar precios, hubiera sido una píldora interesante.
· El colofón: reforma educativa en profundidad. Algo valiente, profundo, determinante y que muestre cuál será realmente la base para ese tan cacareado “nuevo modelo productivo”.
En resumen, hoy hemos visto un nuevo ejemplo del triunfo de las politics, de la comunicación, sobre las policies (y, francamente, aún así Zapatero no ha ganado el debate). Uno no puede mirar hacia adelante y pretender avanzar sin dar el primer paso.
Nota: Por la tarde, Zapatero se ha relajado y ha estado didáctico, campechano, figurativo, cercano e incluso carismático. Lástima, para él y su Partido, que eso cuente realmente poco y no cambie nada de lo dicho hasta ahora, porque sólo los freaks de la política le estábamos escuchando.