Cuando un sociólogo, un antropólogo o un politólogo sin demasiados conocimientos sobre el estado actual de la ciencia económica se lanza a criticar a los economistas, es muy probable que acabe acusando a la disciplina (y a través de esto, al argumento concreto de su oponente economista) de sesgada, atomizadora, individualista, ultramaterialista, con eterna fe en la racionalidad de los individuos y preponderancia total del mercado en cualquier explicación o modelización. Hace unas semanas leí un breve artículo de una gente del Max Planck Institute for the Study of Societies en el que, partiendo de esta idea, hacían un buen repaso a la actualidad de la ciencia económica, sus últimas tendencias y teorías en acción. Y lo hacían para demostrar que la economía no es lo que creemos que es. Que ha avanzado, está mucho más allá de lo que es una visión estereotipada de la disciplina.
Y hoy, leyendo estos dos comentarios de Citoyen, me he vuelto a acordar de todo esto. Ahora mismo, estoy siguiendo líneas de investigación que son 100% sociología económica, así que ando leyendo bastante economía. Además, en varios ámbitos, ya que intentar hablar sobre cambios en el modelo productivo requiere tener un mínimo de visión global, y también a varios niveles de complejidad: desde los manuales básicos de Krugman y Wells de micro y macroeconomía, hasta artículos a medio camino entre la sociología y la economía (como Swedberg, Granovetter o Barbiera), pasando por papers de economía regional y clusterización (Glaeser, Camagni, Trullén, Boix), economistas hablando de teoría de redes y difusión de la innovación, etcétera. Así que puedo constatar en carne propia que la ciencia económica, afortunadamente, ya no es lo que era. Si es que alguna vez fue la caricatura que las Ciencias Sociales más culturalistas hicieron de ella. Deberíamos no sólo acostumbrarnos a ello, sino alegrarnos y aprovechar la situación para trabajar más y mejor con la disciplina económica, hasta llegar, hablando a largo plazo, a crear lo que es lógico que exista: una base común de conocimiento para todas las Ciencias Sociales, un punto de apoyo compartido.
Nos empeñamos durante décadas en pedir a la economía que nos haga caso, que se fije en aquello que va más allá de su gestión de recursos y su coste de oportunidad. Y, cuando parece que comienza a hacerlo, resulta que no estábamos interesados en un diálogo, sino en seguir desempeñando el papel de víctimas.
Pues ya es suficiente. Ahora, a trabajar de verdad.
