No suelo hablar de politics ni de comunicación, eso se lo dejo a otros que saben mucho más sobre el asunto, pero acaba de terminar el último gran discurso de Obama, y no lo puedo resistir.
Las dudas sobre el primer año de mandato de Barack Obama crecían conforme se acercaba el momento del discurso del State of the Union. La oposición, incluso parte de su partido, los medios de comunicación, internet, los ciudadanos, la opinión pública internacional… Todos miraban atrás con cierto tono de decepción pensando y diciendo que la gran esperanza de cambio no había hecho nada.
Y ahora el momento ha llegado, y Obama ha empezado haciendo lo que tenía que hacer: dar la vuelta a esa situación. Ha convertido un momento de evaluación sobre el “estado de la Unión” en un gigantesco anuncio de sus planes inmediatos, del “futuro de la Unión”. Y no, no son pocos, estos planes, ni ligeros. Somera enumeración por orden de aparición en el discurso:
· Medidas varias para pararle los pies a “Wall Street”
· Plan de creación de empleo centrado en la pequeña y mediana empresa.
· Apuesta por las infraestructuras. Ha mencionado a los trenes, incluso, diciendo que no hay razón por la cual Europa o China tengan mejores y más rápidos trenes que Estados Unidos.
· Apuesta por la energía nuclear, por la eficiencia energética y por las energías renovables.
· Iniciativa para aumentar la competitividad y por tanto las exportaciones de la agricultura y las industrias estadounidenses: quiere doblar el volumen exportador de USA en cinco años.
· Trabajar por los community colleges y otras reformas en el ámbito de la educación.
· Y, sólo después de todo eso, la sanidad. Cuando ya ha puesto sobre la mesa todo el resto de sus ideas, viene a decir: “y además, esto sigue adelante con inciativas renovadas”. Sin mención, es cierto, a cómo se desarrollará el hipotético proceso de aprobación. Cosa que preocupa a los expertos y conoisseurs, pero no al común de los mortales.
· Pero, deja claro: el déficit quedará congelado. Una comisión bipartita se encargará de controlarlo.
Además, al acabar con este repaso, por si fuera poco, elabora una diatriba brillante sobre la lacra del partidismo y del dominio de las politics mediáticas sobre las policies. Al más puro estilo Jed Bartlet: “dejemos nuestras diferencias a un lado y hagamos lo posible por conseguir lo mejor para Estados Unidos, y para el mundo”. Tras todo esto, ya puede encargarse tranquilamente (incluso se le nota más distendido) de otros asuntos, particularmente de política exterior, pero también igualdad, homosexuales en el ejército, inmigración, etcétera. Y, por último, llega la redención: “nunca dije que el cambio fuese a ser fácil”, “sé que mi Administración ha sufrido reveses, pero sé que no es nada comparado con lo que han sufrido y sufren muchas familias. Y eso es lo que me hace seguir día a día”. Y la esperanza: “ha llegado un nuevo año, una nueva década. Aprovechémoslo para alcanzar nuestro nuevo sueño, y fortalecer nuestra Unión una vez más”.
Es un esquema discursivo casi perfecto, impecable, trufado de improvisaciones aquí y allá (leve sarcasmo, ternura), pero, sobre todo, adaptado perfectamente a la situación en la que se encontraba, a su momento en el calendario.
Claro que habrá críticas duras. Claro que la gente hablará, bien y mal, y fatal. Pero no se trata de eso: se trata de sobre qué hablarán. Ha ido al ataque, a imponer su agenda pública, y ahí está la clave.
Muchos por aquí deberían aprender de esto.
[Actualización: un análisis completo, aquí].

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