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El proceso social Escritos de Jorge Galindo
02 de Feb de 2010

Al fin este blog tiene un nombre distinto al anodino “Escritos de Jorge Galindo”. Pero, ¿por qué “El proceso social”?

Aparte de porque es corto, directo, descriptivo pero amplio, y fácil de recordar, por una cuestión esencialmente teórica, o de perspectiva. Tanto yo como la gente con la que trabajo pensamos que en la sociología se ha hecho demasiado hincapié en la noción de estructura. Casi cualquier elaboración o reelaboración teórica desembocaba irremediablemente en esta idea, incluso aquellas que parecían destinadas a dar más importancia a las situaciones de cambio (teoría de redes, la sistémica de Luhmann). Ideas más dinámicas, como las de Norbert Elias en su El proceso de la civilización, bien ocupaban un lugar marginal, bien sencillamente eran reelaboradas hasta encajar en una perspectiva más inmovilista que otra cosa. Los puntos de partida esencialmente micro, que ponen todo el acento en el actor, sea desde un punto de vista racional, sea desde un punto de vista psicológico-emocional-fenomenológico, tienen por su lado otras carencias: en ellas la sociedad es apenas apreciable, casi un telón de fondo. Todas las perspectivas, estas y aquellas, tenían y tienen mucho que aportar, pero faltaba algo. Había que desbloquear la sociología.

La noción de proceso puede ser un buen punto de partida. Porque implica la agencia del individuo, sobre cuyas espaldas recae el peso de creación y recreación continua del entramado social, pero sólo abordable a través de una perspectiva que va más allá de la atomización, que considera que es en las relaciones, en la interacción, donde se construye la dinámica que llamamos sociedad, y que a su vez condiciona, siempre en cierto grado, el desarrollo posterior de la misma. La idea de proceso como sucesión no necesariamente lineal pero sí observable de cambios evoca todo esto, incluyendo las características de “memoria” y de emergencia. Estamos, por supuesto, trabajando en su formulación operativa (de qué sirve un paradigma si no es operativo), partiendo siempre de las experiencias de investigaciones propias y ajenas (de qué sirve un paradigma si no se relaciona sistemáticamente con la práctica científica). Y, cómo no, a hombros de gigantes que ya han hablado largo y tendido de esto: no, nadie descubre aquí América, nadie inventa nada con la idea de proceso.

Sí, asumimos los grados de racionalidad de los actores y, faltaría más, de acción estratégica. Los incentivos, por supuesto. Las redes, faltaría más. Pero igualmente asumimos la emoción, la percepción, los puntos de encuentro entre biología, psicología y sociedad. Y, por supuesto, la emergencia, la memoria, la no linealidad y la complejidad. Y con todo ello, el concepto de sistema dinámico y abierto. De proceso, en definitiva. Sí, sabemos que suena imposible, a mínimo que se conozcan todas estas líneas. Pero, realmente, pensamos que todas estas perspectivas, lejos de ser incompatibles per se, están condenadas a jugar juntas. Claro, que para ello hacen falta dos cosas: un gran esfuerzo de integración para crear una base común desde la que trabajar; y, paradójicamente, trabajar antes de que esta base común esté creada. Porque el movimiento se demuestra andando, y, en este caso, investigando, más que debatiendo sobre lo epistemológicamente divino y humano.

Vamos, pues, a ello.

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