Escritos de Jorge Galindo » Blog Archive » El gasto en I+D: Administración, enseñanza, empresas.
El proceso social *Escritos de Jorge Galindo

En la I+D hay tres actores claros y bien diferenciados que han de cooperar para su correcto desarrollo: Administración Pública, sector privado, y enseñanza superior. Ayer el INE sacó los resultados provisionales de su Estadística sobre actividades de I+D para el 2008, en la cual se refleja bien el papel de estos actores y sus relaciones, en términos sobre todo económicos y de personal. Los datos son jugosos como ellos solos, así que vamos a empezar sin más dilación.

Cómo no, la inversión en I+D ha subido de manera sostenida desde hace más de dos décadas:

[Nota: IPSFL se refiere a entidades privadas sin ánimo de lucro].

A simple vista de este gráfico, cualquiera diría que han sido las empresas quienes han venido tirando del carro de la I+D. Pero, si nos fijamos en la evolución de esta inversión según el actor que la llevaba a cabo:

Resulta que las empresas, pese a que en relación con el PIB sí han dado un gran salto en inversión en I+D, en términos comparativos con respecto a los otros dos actores han descendido ligeramente. ¿Y quién se está llevando la mayor parte del pastel, es decir, del esfuerzo? La enseñanza superior. No suena ilógico: las Universidades españolas, a pesar de todas sus carencias, han mejorado significativamente desde los años 80, ganando, teóricamente, autonomía y capacidad de acción. Parece normal que hayan ido ganando un papel relevante en la investigación, en detrimento, sobre todo, de la Administración pública, que se habría ido retirando, considerando que la educación y el sector privado eran capaces de gestionar la innovación por ellos mismos. Lo curioso, para empezar, es que las empresas españolas no han parecido tomar la iniciativa, como sí lo ha hecho la educación. Pero esto no es todo.

Resulta que estos datos se basan en el gasto según el destinatario del mismo, el ejecutor, vamos, y no según la entidad de origen. Si, por el contrario, consideramos la inversión en función de quién pone el dinero sobre la mesa en un primer momento, la cosa cambia sustancialmente. Atención al siguiente cuadro, que compara, en valores absolutos (miles de €) y relativos (porcentaje) las diferencias en la inversión de I+D según se consideren desde el actor de origen o el de destino/ejecución. Los datos son para 2008:

Captura de pantalla 2009-11-19 a las 11.27.10

La diferenca es sustancial. Muy sustancial. Resulta que el 18,2% de las Administraciones Públicas se vuelve un 45,6%, y el 26,7% de la enseñanza superior cae hasta un 3,2%. Aunque se puede adivinar lo que sucede, echemos un vistazo a los flujos para asegurarnos. A continuación, adjunto dos cuadro con la inversión en I+D según entidad de origen y de destino.

El primero muestra dónde acaba toda la inversión en I+D que tiene como origen en un actor determinado:

Captura de pantalla 2009-11-19 a las 10.48.14

El segundo, por su parte, se refiere a qué parte de lo que entra en cada actor-destino proviene de uno u otro actor-origen:

Captura de pantalla 2009-11-19 a las 10.48.23

Tenemos una enseñanza superior y un sector empresarial que se cierran en sí mismos: más del 90% de las inversiones en I+D de cada uno revierten sobre ellos mismos. Y además, la enseñanza superior vive en un 73,6% de la Administración. Y así ha crecido su papel en la I+D estatal desde los años 80, no en base a crear una investigación, por lo visto, de valor claro para el sector privado. No me malinterpreten: no creo que toda la investigación académica deba producir beneficios directos. Eso sería no entender bien el funcionamiento de la ciencia y caer en la falacia de la investigación rentable. Y probablemente sea más una cuestión de falta de comunicación entre actores, que del valor intrínseco de los desarrollos realizados.

Es decir: a la vista de estos datos, aquello en lo que tendríamos que mejorar es lo siguiente:

· Debería haber un flujo constante de gastos en términos de colaboración y contratos cruzados entre academia y empresa privada.

· La empresa privada debería apostar por la enseñanza superior.

· La educación superior debería ser capaz de autofinanciar una buena parte de su inversión en I+D en base a ingresos generados por sus investigaciones.

· Deberíamos ser (más) atractivos para el inversor exterior. Es decir: competitivos e innovadores. Sobre esto profundizaremos en futuras entradas, espero.

En definitiva: necesitamos un sistema más integrado que signifique

- Sinergias multiplicadoras, si se me permite el retruécano.

- Un retorno de la inversión hacia la sociedad, que es quien al fin y al cabo realiza el gasto (por vía privada o pública). No cabe olvidar que, al fin y al cabo, la innovación, la investigación, el desarrollo y cualquier elemento económico está, al fin y al cabo, destinado a mejorar la situación del conjunto de la sociedad en términos de aprovechamiento de recursos y satisfacción de necesidades. En este sentido, estos datos no son suficientes, ya que sólo hablan de inversión, y no de retorno de la misma, en términos no sólo monetarios, sino de generación de conocimiento relevante y distribución de ambos activos en el conjunto de la sociedad.

1 comentario

  1. Escritos de Jorge Galindo » Blog Archive » Ronda de propuestas (III): política sectorial e industrial dijo:

    [...] Llegar al 2,5% de inversión en I+D sobre el PIB en 5 años. Estupendo: eso significa duplicar el nivel actual (1,35%). La pregunta es: ¿lo vamos a hacer crecer como hasta ahora, o las empresas van a jugar un papel más relevante en todo esto? Quieren que sea así, desde el Gobierno, y proponen pequeñas deducciones fiscales. Pero estamos en las mismas de siempre: vía deducciones o subvenciones, ¿qué estamos provocando? ¿Un impulso real a la I+D, o sostener actividades que en realidad no son sostenibles? Un sistema de innovación no se hace sólo vía este tipo de incentivos, eso seguro. Necesitamos generar sinergias más potentes entre el ámbito público y el privado, estructurar la transferencia de conocimiento de doble vía. [...]

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