Ya está. Al final ha habido acuerdo. O bueno, ha habido guarda-apariencias: tres folios vacíos de contenido específico y estratégico, sin guías de acción claras. Y, como no podía ser de otra forma, con USA dirigiendo la conversación entre los países realmente relevantes en el futuro: China, Brasil, India. Europa como segundona. Entre otras cosas, porque aún no es capaz de ofrecer una voz unificada y coherente. Afortunadamente, estamos en ello.
Uno no puede sino preguntarse algo tan obvio que hasta los normalmente desinformados tertulianos radiofónicos españoles han mencionado hoy: ¿qué sentido tiene intentar desarrollar una acción conjunta a largo plazo con implicaciones que tocan de lleno el modelo productivo mundial, sin una organización supranacional estable capaz de generar acuerdos vinculantes, y hacerlos cumplir por la vía de la coerción y los incentivos.
La cooperación no nace de la nada. Por desgracia, ni siquiera el objetivo final (o la fatalidad de su no consecución) es incentivo suficiente, ya que estamos hablando a muy largo plazo, y eso obra en contra de la percepción de riesgo.
Una organización estable, reconocida, respetada y con capacidad de sanción (y proporción de “premios” o incentivos) es, creo, la clave. Claro que dicha organización ha de surgir del compromiso por parte de los Estados. Pero francamente creo que es más productivo, a la larga, perder antes un poco el tiempo discutiendo esto.
Que no es ni más ni menos que discutir, como punto 1 de la agenda, la situación actual de las Naciones Unidas como principal organización supranacional, sus virtudes, sus capacidades, y sus muchas carencias.
Sin una ONU fuerte, no hay “pactos de mínimos”, protocolos ni estrategia conjunta contra el cambio climático que valga. Estamos hablando de un cambio radical en nuestra forma económica de crecimiento. Y entendamos economía como nunca debimos dejar de entenderla: la gestión de recursos escasos para cubrir necesidades de la forma más eficiente, y, si me lo permiten, equitativa, posible.
Ahora bien, ¿por qué y cómo conseguir una ONU fuerte, cuando es algo que casi nadie parece considerar beneficioso para sí mismo? Eso, me temo, quedará para otro día.
Sólo un dato, para abrir boca: USA, Japón y Alemania financian la Organización al 50%. España, un 2,52%. China, el país no occidental que más aporta, sólo un 2%.
Pues eso.

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