El proceso social Escritos de Jorge Galindo
15 de agosto de 2010

No es nada habitual que un periódico nacional se preocupe de algo considerado tan “aburrido” como las deudas de los municipios, y lo ponga en su portada digital (aunque sólo sea durante unas horas). Y aún así, el titular y el enfoque es tramposo con ganas: los municipios no (sólo) ahogan a las constructoras, sino a toda empresa que le preste un servicio, sea del tipo que sea. Fuera del País Vasco y Navarra y alguna excepción, los plazos de pago son estúpidos, insoportables para las empresas. ¿Por qué? Porque estamos hablando de más de 3 meses, mucho más a veces, durante los cuales las empresas han de soportar el IVA (que se declara trimestralmente) y sus gastos fijos, principalmente salarios de trabajadores que, día a día, son los que están proporcionando el servicio a los propios municipios.

Puede sonar como un problema micro, al que se enfrentan unas cuantas empresas, hasta que acudimos a dos cosas: primero, las cifras. Luego, la lógica. Las cifras son bastante escandalosas: en el propio artículo de El País se habla de 3.425 millones de € de deuda, y esto sólo son a las empresas de servicios del tipo limpieza, mantenimiento y demás. Si empezamos a hablar de otros, como consultoría (mundo que conozco bastante bien), podríamos perfectamente duplicar esta cifra. Pero quedémonos con los 3.425. Contando que el 30% va para salarios, y poniendo un salario medio de 1.300€ limpios al mes, estamos hablando de unos 46.000 trabajadores. Así, a grosso modo.

Siguiendo por la lógica, ¿a qué lleva estos impagos? Lleva a que empresas tengan que retrasar sus propios pagos a otras empresas proveedoras, y estas sufran igual, y retrasen a otras, y así. Y no hablemos ya de la dificultad actual del acceso a la financiación. En el lado de los trabajadores, tenemos inseguridad, retraso en salarios, despidos, reducciones de jornada, etcétera. Y en la parte de los ciudadanos… Bueno, digamos que es muy distinto percibir una crisis a través de titulares basados en declaraciones de políticos que hablan de cosas tan lejanas como la deuda externa, y ver que la basura llena tu calle porque el Ayuntamiento no ha podido pagar a la empresa encargada de la limpieza.

La financiación municipal es un cuello de botella económico en España. Este es el punto del que debemos partir para reformar a fondo y completamente el aparato legal y administrativo que rodea a los municipios, su financiación y su gestión.


13 de agosto de 2010

Según The Economist, si un Gobierno decide hacer política industrial vertical/sectorial (a pesar de todo), ha de tener en cuenta estas tres lecciones del pasado:

First, the more it is in step with a national or local economy’s comparative advantage, the more likely industrial policy is to succeed.

Second, policy is least prone to failure when it follows rather than tries to lead the market.

Third, industrial policy works best when a government is dealing with areas where it has natural interest and competence, such as military technology or energy supply.

Aprovecho para apuntar que, últimamente, estoy replanteándome y matizando ciertas posturas respecto a la política industrial. Cuando estén “maduras” las sacaré a pasear por aquí.


12 de agosto de 2010

[Artículo originalmente publicado en Analítico.es]

Google cierra Wave tras menos de un año de vida, durante el cual ha pasado de ser el mayor hype de la red a un rincón con telarañas que casi nadie utilizaba. Está por ver qué pasará con el otro experimento social de Google, Buzz, aunque probablemente no vaya mucho más allá. Orkut, por su parte, mantiene su pequeño mercado en ciertos países sin viso ninguno de crecer más allá de ellos. Google Me es aún una especulación (a la que haremos referencia más adelante en este artículo). En definitiva, Google no parece que vaya a conseguir su objetivo de volverse social.

¿Pero por qué la compañía (y la marca) más poderosa de internet no puede imponerse en este aspecto? Podríamos considerar cuatro razones, que en realidad son una sola que se resume en la última:

1. Porque, aunque parezca mentira, han llegado tarde. A Google, el boom de las redes sociales le pilló trabajando en otras cosas: refinar su buscador, mejorar Gmail, comprar y perfilar YouTube, y, sobre todo, afianzar su fuente de ingresos principal: la publicidad. Quitando Orkut, a la que nunca se le hizo demasiado caso, Google se dio cuenta más bien tarde de cómo la dimensión social ganaba relevancia en la distribución de la información en internet.

2. Porque son los gestores y administradores de toda nuestra información. Ese es su trabajo: coger toda (casi literalmente) la información del mundo y ponerla a nuestra disposición on demand. Todo, además, centralizado bajo una misma cuenta. Piensen en todas las búsquedas que han hecho en Google o en YouTube en el último mes. Ahora imaginen que sus contactos pueden verlas en tiempo real. Está claro que eso no sucede en ningún caso, pero a efectos perceptivos da lo mismo. Google, en nuestra cabeza, es quien gestiona nuestra información y quien sabe lo que queremos. Y eso casa mal, perceptivamente, con el hecho de querer construir una imagen determinada de cara a nuestro entorno. Sobre todo cuando ese entorno no es precisamente el más inmediato e íntimo, y con esto entramos en la siguiente razón.

3. Porque el epicentro de Google de cara al usuario registrado, Gmail, no tiene tanta implantación como correo privado. Al menos en España, Gmail es un correo “serio”. Los contactos que tenemos en él van mucho más allá de familiares y amigos. No es la clase de gente que tenemos en Facebook, en definitiva. O mejor dicho, no sólo es esa gente, que es normalmente a la que deseamos circunscribir nuestra parte social. De hecho, como bien apunta Antonio Ortiz, Google Wave tenía más sentido como un complemento para grupos de trabajo que cualquier otra cosa.

4. Porque, en definitiva, nadie, prácticamente, asocia la marca “Google” con carga social alguna antes que con la gestión y la administración de información, sea a nivel general (búsquedas) o a nivel particular (correo electrónico, calendario, agenda, etcétera).

¿Mi opinión? Google debería aplicarse el famoso refrán “quien mucho abarca, poco aprieta”, y ser conscientes de su rol en el binomio relación-información que constituye la comunicación: ellos están en el segundo, no en el primero. De hecho, cuando intentan hacer algo social como Wave, se les nota de alguna forma. Wave no ponía en el centro la relación entre usuarios, sino la generación de contenido por parte de los mismos.

Con Google Me volverá a suceder lo mismo: probablemente, habrán decidido que los juegos sean el centro de la nueva “red” porque Google no tiene suficiente peso por sí solo para ser social. Necesita de un aliciente de contenido. Han sido los juegos como podría haber sido cualquier otra cosa. La cuestión era ofrecer contenido, y ser distintos a Facebook. Francamente, la parte social-relacional acabará por ser la menos relevante, frente a los contenidos.

Probablemente, la única vía que tiene Google de volverse puramente “social” es colaborar con redes ya establecidas, haciendo lo que sabe hacer mejor: administrar cantidades ingentes de información y contenidos.


10 de agosto de 2010

Entre paper y paper, entre rato de trabajo y rato de trabajo, al fin he encontrado tiempo para leer Gomorra, de Saviano. La mafia en particular y la corrupción en general son temas que siempre me han apasionado desde lejos, por constituir formas de relación y organización que, dejando de lado consideraciones éticas y morales, le dan varias vueltas de tuerca (a veces bastante creativas) al sistema. Y que, con ellas, forman atascos en el desarrollo económico, político y social a largo plazo.

Gomorra no es un libro excepcional, pero sí apasionante. Saviano utiliza un tono periodístico, más narrativo que ensayístico. Se mueve mejor en el análisis micro cualitativo que en el macro y en el cuantitativo. Tiene un buen ojo analítico, pero las referencias a datos son casi siempre vagas y a veces directamente no se entienden. El valor de Gomorra está en el trabajo de observación que realizó su autor, y en cómo lo transmite. A partir de pequeñas píldoras, y quitando la paja, la hipérbole periodística y el tonillo de militancia izquierdosa pseudoanticapitalista y poco reflexiva, uno puede hacerse una idea de cómo ha venido funcionando la Camorra napolitana en los últimos 20 años. De hecho, lo perfecto sería una versión de 30 páginas del trabajo de campo hecho por Saviano (el resto es superfluo), pero me temo que eso no hubiese vendido tanto.

Y la idea de Saviano sobre la Camorra se resume casi en una palabra: empresa. La Camorra es una empresa que da de comer (y más) a miles de personas, que constituye un Estado de Bienestar donde no lo hay, y que además proporciona beneficios a sus directivos. Estudiarla con la vista puesta en el microscopio, como lo hace Saviano, proporciona aprendizajes imposibles de conseguir de otra forma sobre cómo las personas se organizan para sobrevivir, o para prosperar. Más allá del problema en sí, el análisis de la organización mafiosa es una muestra de hasta qué punto las dimensiones social, económica y del poder no pueden desligarse a la hora de abordar ningún fenómeno social. Es probablemente el mejor ejemplo para explicar por qué si no construimos una Ciencia Social con una base común es prácticamente imposible que mejoremos nuestros instrumentos de análisis y actuación.

En este caso concreto, la observación participante, periodística o etnográfica, que desarrolla Saviano, es imprescindible (aunque, ciertamente, podría ser muy mejorada empleando un método científico) para encontrar los puntos débiles y fuertes del que para mí es uno de los problemas más complejos que existen en el mundo social, y poder diseñar políticas para atacarlo. Si pensamos en la Camorra como una mera organización criminal relacionada con el poder, no atacaremos su enraizamiento social de base. Si pensamos en ella como una red de protección social, dejamos fuera su esencia violenta y jerárquica. Y, sobre todo, si olvidamos que funciona como una gran empresa de la que depende la supervivencia y la ilusión de desarrollo de las unidades locales en las que está implantada, no estamos entendiendo prácticamente nada.

Y en ningún caso han de ser políticas sociales tradicionales, o económicas tradicionales, ni siquiera de seguridad tradicional.  Aún no sé cuál es ni sé si lo sabré algún día, pero resolver esto requiere de un enfoque bastante distinto al actual, muy micro, y que necesita combinar, insisto, la parte microeconómica con la de protección social y gestión del poder y la seguridad.


06 de agosto de 2010

Ayer solté por Twitter que el PSM-PSOE ya había perdido en Madrid. Al poco, @nova me preguntaba por qué pensaba eso. Ahora explicaré por qué.

No es que tenga nada en contra de las primarias, la verdad. Si acaso, al contrario. Pero hay formas y formas de plantear unas elecciones internas para una candidatura. En España este tipo de procesos no está nada, nada naturalizado. No existe una estructura de partido ni interna ni externa (apoyos, “satélites”) que facilite tal hecho. Ni siquiera nuestro modelo de democracia lo hace, con el enorme peso que la disciplina de partido y por tanto la “marca” tiene. Partiendo de ahí, cualquier cosa que suene a “primarias” ya es raro para el votante potencial medio (los militantes me dan igual en ese sentido: su voto está asegurado).

Pero es que además el asunto del PSM se está desarrollando no como unas primarias que surgen de dos posiciones adversarias dentro de un partido, entre las que hay que decidir. Sino como una candidatura (la del Secretario General) que nunca fue clara del todo y siempre parecía tener que autojustificarse, y otra (la de la carismática Jiménez) que parece impuesta “a dedo”, desde arriba, desde Ferraz. Con el consiguiente eco mediático. Por poner algunos ejemplos, tenemos a Chaves lanzando balones fuera, a la oposición mediática aprovechando la carnaza que da Leguina, y a los chicos de MediaPro dándole caña al Secretario General. Y la guinda que me ha llevado a escribir esta nota: la noticia cabecera del ElPais.com hoy. Esa ha sido la puntilla a una posibilidad que, de todas formas, nunca fue tan posibilidad: ganar a Aguirre en Madrid.

Me da bastante igual que las primarias sean una forma más o menos sana de decidir un candidato. Me importa más bien poco que lo que relatan todos los artículos citados (en realidad, las fuentes declaratorias que usan esos artículos, los propios políticos) sean más o menos ajustadas a la realidad. Es lo que tiene el periodismo declaratorio de masas: al final, el ciudadano percibe lo que se le cuenta, y pasa a reinterpretarlo. Y la reinterpretación de esta situación es esa: Zapatero y Blanco quieren imponer a una candidata por la fuerza, y hay un señor que se resiste a dejar su puesto. Esto es lo último que impulsará un vuelco electoral. Es justo lo contrario que lo que se percibió en el ascenso de Obama durante las Primarias de USA. La comparación es grosera y burda, sí, pero muestra bien a las claras lo que quiero explicar: España, hoy por hoy, no está hecha para Primarias, y lo del PSM se percibe como una lucha de cuotas de poder más bien mezquina, no como la llegada de ninguna estrella que vaya a batir a la vanguardia de la derecha estatal.

Una vez más, el PSOE ha dejado que sus luchas internas ganen a la necesidad externa de ganar unas elecciones.

[Para ampliar perspectiva, os dejo una recomendable lectura, algo más sucinta y fría, de Pau Canaleta].


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