El Ministro de Trabajo, José Corbacho, ha dicho hoy que “un país que deposita su suerte en la generación de entre 30 y 50 años va al fracaso”. Y yo no puedo sino estar de acuerdo. La diferencia es que él lo dice en relación con la polémica de las pensiones. Y yo, la verdad, creo que esta es una cuestión menor. El problema es no depositar nuestra suerte en la generación de 16 a 29 años. Porque será sobre sus espaldas sobre las que recaiga el futuro peso económico y social de España.
La medida de los 67 años me parece bien, valiente, etcétera. Pero me parece también centrar la atención en el lado equivocado de la pirámide demográfica. Un país en el que los menores de 30 montan grupos en Facebook diciendo “no” a una medida que les hará trabajar dos años más y no les afectará (si es que no cambia por el camino) hasta dentro de 35 años tiene un serio problema. Un problema de:
· Inserción en el mercado laboral y cualificación. Hay un desajuste claro entre el sistema educativo español en todos los niveles que pueden llevar directamente al trabajo (incluida la ESO) y lo que el mercado necesitaría (no necesariamente demanda) si queremos realmente cambiar nuestro modelo económico.
· Segmentación del mercado laboral y estructura de oportunidades en el actual modelo productivo. De esto ya hemos hablado largo y tendido, sobre todo otros, así que mejor no repetirnos.
· Focos de desarrollo de las políticas públicas. Las grandes políticas, las estatales, las que acaparan titulares y copan la agenda de los medios, los partidos y los ciudadanos de este país no suelen tener que ver con la juventud. Se centran, de nuevo, en las cohortes de entre 30 y 60 años.
· Incentivos y valores. No hay más que echar un vistazo a los datos de emancipación de los jóvenes y a las encuestas del Observatorio de la Juventud del INJUVE para constatar que existe un problema de independencia económica y emocional, de desafección política, así como de desarrollo profesional enfocado como un objetivo personal a largo plazo, entre los jóvenes de este país. Obviamente, ¿qué incentivos tiene un joven español, y de qué herramientas cognitivas/de aprendizaje, para cambiar todo esto? Poco o nada de ambas cosas, teniendo en cuenta que ni la educación es la más adecuada, ni el mercado laboral resulta acogedor y potenciador, ni la mayor parte del debate político gira en torno a ellos. ¿Y estos valores son una variable estrictamente dependiente? No, cuando ya existen entran en un círculo vicioso de retroalimentación bastante difícil de cortar.
Júntenlo todo, y tendrán un cóctel explosivo. El que actualmente se ve en España. Bueno, más que explosivo, desinflado, decepcionante y un tanto desesperante. Porque llevamos muchos años así, y nada ha explotado. Quitando, claro, el boom inmobiliario.
No se puede impulsar un cambio de modelo de desarrollo económico sin hacer de aquellos que ahora mismo se forman y entran en el sistema productivo uno de los principales focos de cualquier política o estrategia a desarrollar.
Es pura lógica.
