Escritos de Jorge Galindo » Blog Archive » Cambio de modelo (IV): Qué es un modelo productivo
El proceso social Escritos de Jorge Galindo

No sé por qué, francamente, no empecé la serie con esta entrada. Hubiera sido lo lógico. Pero bueno, más vale tarde que nunca. Y habida cuenta de la vorágine periodística y opinóloga en torno al “cambio de modelo” a la que asistimos y asistiremos, bien vale pararse a reflexionar un segundo sobre qué demonios es eso.

En esto, como en otras cosas, voy a seguir a Andrés García Reche. Que es un profesor de Economía Aplicada de la Universitat de València, un ex-conseller de Industria de la Generalitat Valenciana, y un señor que sabe bastante de todo esto, en general. Según decía allá por 2003, si no recuerdo mal (cito de memoria), el modelo productivo de una región dada comprende, básicamente, tres partes:

1. Especialización. Qué estamos produciendo. También puede llevar a una diversificación, por supuesto. Aquí hablamos de sectores, ramas de actividad, ámbitos, mercados.

2. Ventajas competitivas: cómo lo hacemos. Lo cual incluye todo lo que tenga que ver con un proceso productivo o de distribución. Es el terreno de la productividad, modos de producción y organizativos, marketing, logística, comunicaciones, etcétera.

3. Flexibilidad dinámica, o lo que es lo mismo: capacidad de adaptación al entorno, contexto o situación, como quieran llamarlo. Este es el más complejo, y podemos relacionarlo con dependencias estructurales, flexibilidad de los factores (materias, trabajo, capital), ciclos económicos, y todo eso.

En definitiva: qué se hace, cómo se hace, y ¿se adapta al cambio exógeno?

Si hablamos de educación, no hablamos de modelo productivo. Si hablamos de medio ambiente, no hablamos de modelo productivo. Si hablamos de estructura social y redistribución de la renta, no, no hablamos de modelo productivo. Y, por si alguien lo dudaba, si hablamos de sostenibilidad, no hablamos (sólo) de modelo productivo.

Sin embargo, como ya apuntábamos, no podemos hablar de modelo productivo si no tenemos en cuenta que este sólo tiene sentido en tanto que acompaña una estructura social determinada, tiene una relación clara con la redistribución de la renta, y afecta de forma patente al medio ambiente. Además, un modelo educativo u otro está en la base de cosas como la capacidad de un modelo de adaptarse al cambio, o la especialización/diversificación que este tenga, o desde luego de su nivel de productividad en el proceso de producción o diversificación. Todo ello, en conjunto, puede ser valorado en términos del paradigma de la sostenibilidad, del que ya nos ocuparemos más adelante, si me lo permiten.

La discusión actual debería comenzar en torno al punto 3. Nuestro modelo actual se está revelando como frágil ante situaciones de crisis, y muy poco adaptable. Si lo que producimos mayoritariamente (1) y la manera en que lo producimos (2) hubiese sido otra, probablemente la flexibilidad (3) hubiera sido mayor. Y, a partir de aquí, viene la tela y con qué cortarla, materia de entradas pasadas y futuras en este mismo blog.

Ahora, por favor, enlacen esto con la definición de innovación. ¿A que tiene sentido?

Pues eso. Un poco de rigor tampoco nos viene mal.

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