Ya sé que la comunicación no es lo mío, pero hay algunas cosas que no puedo resistir comentar.
Alex De La Iglesia ha dado un discurso en la gala de los Goya que ha gustado a muchos en el mundo de internet. Ha hablado, sobre todo, de ser humildes, de saber que el público es el rey ya que es gracias a él que se pueden ganar la vida haciendo lo que les gusta. De competir contra Hollywood, de plantar cara. De mercado. Y de cambiar la industria.
Y en el momento de máxima audiencia, cuando se va a dar el Goya a la mejor película, llega el golpe de efecto simbólico: Pedro Almodóvar salta al escenario, y será él quien dé el Goya. Ha escenificado la reconciliación de la Academia de Cine, ese (desde la percepción del público) dinosaurio que vive de subvenciones sin hacer un cine que guste a la gente, con Almodóvar, el paradigma del éxito del cine español dentro y fuera de sus fronteras. Y no sólo eso, sino que el director manchego ha confirmado en su discurso que estaba allí por insistencia de De La Iglesia.
Es, insisto, un símbolo, un toque maestro para escenificar la intención de un nuevo rumbo dentro de la Academia. Quién sabe si esa intención luego se convertirá en una realidad.
