Dicho rápido, y muy resumido, un modelo productivo de una ciudad, región, país X consiste en contestar a dos preguntas: qué se está produciendo, y cómo se está produciendo. Así que cuando miramos a la economía española y nos planteamos qué modelo productivo tenemos, si hay que cambiarlo o no, y en qué sentido, no es una cuestión tan abstracta como pueda parecer. Ni tan simple como algunos parecen entender, reduciéndola sólo a la primera parte, la del “qué”.
Me he preocupado por escoger unos pocos datos del INE para contestar a las dos preguntas planteadas inicialmente. En esta entrada ofrezco algunos que responden a la primera: qué se ha estado produciendo en España, y de qué manera ha cambiado esto. Si es que ha cambiado. La pregunta puede parecer obvia, habida cuenta del discurso general sobre “modelo basado en la construcción”, etcétera. Lo que pasa es que todo el mundo habla de esto pero casi nadie aporta cifras, como suele suceder, con honrosas excepciones.
Vamos allá, pues.
Antes que nada, comencemos la evolución del peso del sector de la construcción en el PIB:

Entre 1995 y el tercer trimestre de 2006, la progresión es espectacular, habida cuenta de que hablamos de un dato de escasa variabilidad como es el PIB. Pero es en el punto más alto cuando comienza la caída, algo antes de que empezase la crisis del sector.
¿Y dónde fue a parar este descenso relativo? Pues a:

La escalada del peso del sector servicios en la producción nacional comienza un trimestre después del inicio de la caída en la construcción. Claro, parece razonable: no hubiese tenido mucho sentido un aumento, siquiera proporcional, de la industria o la agricultura. En todo caso, es significativa esta profundización del proceso de terciarización de la economía española.
Pero los servicios es algo muy amplio, tan amplio que muchos expertos consideran esta denominación de sector como un “cajón de sastre” donde cabe todo lo que no es agricultura, industra, energía ni construcción. No disponemos de datos desagregados del PIB por ramas de actividad, pero esta gráfica sobre la población ocupada igual puede ayudarnos:

Aparte de constatar la caída de la construcción también en el número de ocupados, he escogido una serie de ramas “clave”, que son las que más suben, y las más representativas para el tan cacareado cambio de modelo hacia la I+D y el conocimiento y todas esas cosas: sí, efectivamente, mientras hostelería, servicios sociales y Administración Pública se llevan la mayor parte del pastel en el aumento, la información y las comunicaciones por un lado y las actividades profesionales, científicas y técnicas por otro se quedan prácticamente como estaban. Ahí está yendo el último repunte de los servicios: al turismo, al sector público y a los servicios sociales.
Del turismo hablaré en otro momento, porque es una rama tan importante estratégicamente que merece comentario aparte. Respecto al resto, bueno, habrá quien argumente que en una situación de crisis como la actual, es natural que el Estado actúe de motor de la economía, y esto se refleja en los datos macroeconómicos. Y yo digo que estos datos no hablan del sector público como motor sino como colchón. Como herramienta para suavizar la crisis a través de empleo público y servicios sociales, pero no como instrumento para construir un modelo más sólido de cara al futuro.
A modo de propina, tengo un último gráfico, curioso pero significativo, que me gusta especialmente. Se trata de la evolución de la inversión nacional en base al PIB:

En este no hay datos, porque lo que me interesa es la tendencia. El aumento de la vivienda es tan vertiginoso como la caída del resto de construcción, que comprende sobre todo infraestructuras. En 2007, al inicio de la crisis, la vivienda llega a su punto máximo, y comienza el descenso casi en paralelo con el aumento del resto de construcción. Se cruzan en enero de 2008, en pleno aceleramiento del deterioro de la economía nacional, y la construcción “de no vivienda” pasa a ser el principal activo de la inversión nacional, con diferencia creciente. Mientras, el capítulo de “otros”, que incluye los servicios, desarrolla un ascenso sostenido pero muy leve.
Resumiendo: suben las infraestructuras, sube la Administración Pública, suben los servicios sociales, y sube (sorprendentemente) la hostelería. Lo cual cuadra bastante con las acciones desarrolladas y publicitadas por el Gobierno en los últimos 2 años.
Sin embargo, como decíamos al principio, estos datos no bastan para negar que haya un cambio de modelo dirigido a la innovación y el conocimiento. Porque estos dos elementos son transversales, y afectan más a la segunda pregunta, al cómo, que al qué se produce. Esto ya lo dejó bien claro Manuel Castells en el primer tomo de su Sociedad Red, hace ya más de 10 años: no se trata de que estas ramas crezcan, sino de que ocupen lugares clave en el proceso productivo. Bien a las claras lo demostraron en los 70 y 80 Japón y Alemania, quienes se especializaron con éxito en industria manufacturera de alta cualificación sin un proceso de terciarización tan profundo como el que tuvo lugar en otros países.
Pero esto es harina de otro costal. Es decir: de la siguiente entrada de la serie.

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