¿Existe algún tipo de base empírica o científica para justificar la forma en la que el Gobierno del PSOE se ha comportado desde el inicio de la crisis, o es todo atribuible a mera descoordinación y caos interno? Claro que hay algo de lo segundo, pero no sólo. Existe una cierta línea que se ha intentado llevar adelante, creo, y buceando en Google Scholar, he encontrado un artículo de Maravall y Przeworski que nos puede ayudar en la labor de responder a la pregunta del título. Los autores trabajan con encuestas del CIS y de empresas privadas para el periodo 1980-1995, en el que se enmarcan 5 elecciones generales y otros tantos Gobiernos distintos, de dos partidos (UCD y PSOE). A mi juicio, llevan demasiado lejos sus conclusiones, ya que la muestra diacrónica no es lo suficientemente amplia. Además, personalmente tiendo a coger las encuestas electorales con pinzas muy largas. Pero en la parte más general de sus conclusiones sí hay información que puede ayudarnos a entender a qué lleva jugando el PSOE desde hace un año y medio, cuando no tuvo más remedio que aceptar la crisis y su gravedad. Voy a ir entresacando citas más o menos literales del artículo y los aprendizajes que se extraen aplicados al momento actual.
En síntesis, Maravall y Przeworski apuntan a cinco categorías de comportamiento electoral-económico por parte de los votantes, complejizando la postura tradicional de “economía bien = apoyo al Gobierno, economía mal = apoyo a la oposición o indecisión”. Aquí nos interesan dos, particularmente (la negrita es mía, para destacar ambas):
“La gente puede considerar los resultados económicos pasados como malos, pero creer que mejorarán si al gobierno se le permite continuar en el poder. Por lo tanto, aunque las valoraciones retrospectivas sean negativas, el castigo al gobierno carece de sentido: sus políticas, aunque dolorosas, son la causa de las expectativas optimistas. Estas posturas son «intertemporales». Los votantes «intertemporales» atribuyen la mala situación actual al gobierno, pero piensan que conducirá a un futuro mejor, y su desaprobación es lo suficientemente baja como para que las expectativas pesen más que las dificultades presentes”
“La gente puede esperar que el futuro sea malo, al margen de cuáles sean sus valoraciones retrospectivas del pasado. Es decir, puede considerar los resultados económicos pasados y los esperados en el futuro en términos recu- rrentemente negativos, o creer que se deteriorarán. Pero no responsabilizan al gobierno de estas evaluaciones negativas, cuya causa ven en el legado de la mala gestión económica de gobiernos anteriores o en fuerzas que escapan al control de cualquier gobierno. Los votantes son pesimistas, pero no castigan al gobier- no. La oposición no es una opción mejor. Estas posturas son «exonerativas». Los votantes «exonerativos» son pesimistas sobre el futuro: sólo piensan que al gobierno no cabe atribuirle la responsabilidad por el mal funcionamiento de la economía, y/o que la oposición es una alternativa peor. los votantes jóvenes tendieron más a exonerar a los gobernantes en las cinco fases económico-políticas”.
El Gobierno está jugando claramente con estas dos categorías. Su discurso es, en esencia, una mezcla de buscar la culpa en el exterior y en la “etapa de crecimiento inmobiliario” (pasado, al fin y al cabo, dominado por el PP, y atribuirse la responsabilidad del futuro dorado que espera a España. De hecho, en el estudio, los autores extraen que:
“En países que afrontan la necesidad de reestructurar la economía, los gobiernos tienen mayor credibilidad cuando presentan las dificultades actuales como temporales, como una transición que conduce hacia un futuro mejor”.
Además,
“Los individuos no infirieron el futuro del pasado y se sintieron mucho más optimistas ante el futuro que satisfechos del pasado”.
En este mismo sentido, ha estado jugando también con la dimensión ideológica y de compromisos políticos… hasta hace unas pocas semanas. Me explico. El PSOE podía recurrir de manera velada a sus compromisos históricos e inalienables con la dimensión social de la política y el Estado, a la lucha de clases incluso (recordemos a Zapatero levantando el puño en Rodiezmo no hace tanto), hasta que la coyuntura económica ha reclamado recortes que afectaban al Estado de Bienestar, al menos bajo la perspectiva de la prensa y de la oposición de cualquier color. Es entonces cuando la “responsabilidad” de la que hablábamos ha entrado en juego, y los compromisos de votantes pasados, los grupos afines ideológicamente se han difuminado en su público objetivo, dirigiéndose ahora al conjunto de la nación (acérrimos del PP excluidos). Maravall y Przeworski afirman:
“Una crisis económica profunda y una historia de políticas fracasadas pueden reducir la aversión al riesgo y aumentar la tolerancia a reformas dolorosas. Si éstas se inician a tiempo y son radicales, la resistencia se minimizará, los pasos dados se considerarán irreversibles y se podrá reanudar el crecimiento antes (…) si un gobierno no puede reclamar un mandato para la reforma, incumple sus promesas electorales, retrasa sus reformas o está en el poder durante mucho tiempo, será incapaz de evitar las culpas o disfrutar de la condescendencia de los votantes a lo largo del tiempo: como consecuencia, se enfrentará a una mayor resistencia social y a un mayor castigo electoral”.
Abundando en lo que apuntábamos en el párrafo anterior, hace más de un año que la necesidad de “reformas” está sobre la mesa. El propio concepto de “cambio de modelo productivo” es una marca PSOE. Pero estas reformas no se acaban de concretar, por varias razones: descoordinación interna, miedo a pisar callos de colectivos afines, cálculos electorales excesivamente conservadores. De tal modo que da la impresión de que el Gobierno está retrasando las reformas. Impresión avivada por la oposición y por los medios de comunicación. Esta indecisión es la que le puede salir más cara de todo el juego, si en 2012 se llega con una situación de crisis económica importante y la consiguiente sensación de que el Gobierno no ha hecho lo suficiente para solucionarla. Ante una segunda reelección, la mirada retrospectiva pesa más que la prospectiva, a no ser que haya un lavado de cara integral en el equipo de Gobierno (lavado que parece estar cada vez más lejos).
En definitiva, el PSOE ha jugado a varias bandas, intentando mostrar responsabilidad mientras no se aventuraba demasiado en el camino de las reformas confiando en actitudes “intertemporales” y “exonerativas” por parte del electorado, guardando los compromisos políticos e ideológicos característicos de su base ciudadana. Pero da la impresión de que le ha pillado el toro, y no ha podido nadar y guardar la ropa. Con el pasado hecho unos zorros, sólo le queda un camino: hacia adelante.

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